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The way out is in: cuando el mundo cambia ahí fuera, ¿por dónde empezamos?

Desde hace algunos meses, muchas de las conversaciones que Carlos y yo mantenemos (ya sea entre nosotros, en nuestro trabajo en The School of We o con las organizaciones con las que colaboramos) acaban, de una forma u otra, llegando a la Inteligencia Artificial. Hablamos de lo que ya está cambiando, de lo que podría cambiar, de las posibilidades que se abren, de los riesgos, del futuro del trabajo, de las organizaciones, de las relaciones. Y, en medio de todo esto, hay una pregunta que ha ido ganando cada vez más espacio: ¿qué está provocando todo esto en nosotros mientras intentamos seguir el ritmo de una transformación que avanza tan deprisa?

Porque provoca cosas. En mí, al menos, las provoca. Hay días en los que siento un enorme entusiasmo ante lo que ya podemos hacer con estas herramientas. Hay momentos en los que me quedo genuinamente fascinada. En otros, aparece la inquietud y, a veces, el miedo. Y muchas veces, simplemente una sensación difícil de nombrar, entre la urgencia de comprender más, la preocupación por poder quedarme atrás y unas ganas casi opuestas de desconectarlo todo durante un tiempo.

Quizá por eso, en los últimos tiempos, me ha venido tantas veces a la cabeza una frase de Thich Nhat Hanh que Carlos y yo conocemos bien también por nuestra experiencia en Plum Village: “The way out is in.” La salida está dentro. No como una invitación a retirarnos del mundo, y mucho menos a huir de la tecnología, sino casi como un movimiento necesario para poder estar en él con mayor claridad. Si lo que ocurre ahí fuera despierta miedo, urgencia o entusiasmo aquí dentro, quizá sea importante prestar atención a ello antes de transformar automáticamente esas emociones en una decisión. Hace tiempo que la ciencia viene demostrando que las emociones influyen en nuestra manera de prestar atención, interpretar la información y tomar decisiones. Por eso, reconocer lo que está ocurriendo en nuestro interior no es un ejercicio accesorio ni una especie de pausa agradable antes de volver a los asuntos «serios». Es parte del propio proceso de decidir bien.

El mundo se está acelerando. Nuestro sistema humano no ha cambiado a la misma velocidad.

Hablamos mucho de las competencias necesarias para trabajar con IA: saber formular buenas preguntas, utilizar nuevas herramientas, rediseñar procesos, colaborar con agentes, aprender más deprisa. Sé que todo eso será importante y, al mismo tiempo, estoy convencida de que algunas de las competencias más necesarias son bastante antiguas y profundamente humanas: ser capaces de permanecer durante algún tiempo sin saber, tolerar la incertidumbre sin correr inmediatamente en busca de una respuesta, distinguir los hechos de las historias que construimos sobre ellos, escuchar perspectivas diferentes de las nuestras, reconocer una emoción sin sentirnos obligados a reaccionar de inmediato y, quizá una de las más difíciles, seguir pensando cuando tenemos una máquina disponible para pensar con nosotros o incluso por nosotros. El desafío no consiste únicamente en aprender a hacer más con la IA. Consiste también en comprender qué queremos seguir haciendo nosotros, qué no queremos delegar y desde qué lugar estamos tomando esas decisiones.

Por eso, cuando pienso en esta transformación, siento que es fundamental mirar lo que está cambiando, comprender lo que eso despierta en nosotros y volver al mundo con un poco más de lucidez para elegir cómo queremos responder. Quizá eso sea lo que esta «vieja frase» de Plum Village puede enseñarnos en un contexto tan inesperadamente contemporáneo.

Una pequeña práctica para tiempos de grandes transformaciones

Podemos empezar por algo bastante más sencillo.

Cuando una noticia, un cambio o una nueva herramienta provoque en nosotros una reacción intensa, podemos probar a detenernos un momento y hacernos cuatro preguntas:

  1. ¿Qué está ocurriendo? No lo que imagino que ocurrirá dentro de cinco años. Lo que sé en este momento.
  2. ¿Qué está ocurriendo en mí? ¿Qué emoción reconozco? ¿Dónde la siento? ¿Qué impulso aparece: correr, evitar, controlar, atacar, sumarme?
  3. ¿Qué historia estoy añadiendo a los hechos? ¿Qué es información real y qué son narrativas imaginarias?
  4. A partir de aquí, ¿qué quiero elegir? No lo que me pide la urgencia ni necesariamente lo que están haciendo los demás. El siguiente paso que tiene sentido para mí, para mi equipo o para mi organización.

Elegir desde dónde respondemos

The way out is in. No porque todas las respuestas estén dentro de nosotros, ni porque mirar hacia dentro nos permita controlar lo que ocurre ahí fuera. Sino porque, en un tiempo en el que tantas cosas cambian sin pedirnos permiso, podemos al menos crear un espacio para comprender lo que ese cambio despierta en nosotros antes de responder por impulso. Porque es difícil elegir con claridad nuestro camino ahí fuera sin comprender primero desde dónde estamos partiendo aquí dentro.

The School of We

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