Preséntate.
Prepara la cena.
Limpia las encimeras.
Discúlpate cuando pierdas la paciencia.
Escucha cuando preferirías huir.
Haz las cosas ordinarias de la vida con amor,
incluso cuando nadie esté mirando,
incluso cuando no haya aplausos.
Olvida la trascendencia.
vuelve a casa.
Sé humano.
Estate presente en tu vida.
Esa es la verdadera “práctica espiritual”.



