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Entrenamiento en atención, intención y actitud.

Por lo general, los que practicamos mindfulness y meditación no tenemos mucha claridad sobre lo que estamos cuidando en nuestra experiencia interna y lo que estamos entrenando en nuestro cerebro. Sin embargo, esta claridad nos ayuda a comprender nuestra práctica desde la raíz, convirtiéndose en un aprendizaje clave que luego nos ayudará a mejorar y dirigir la práctica.

El mindfulness y la meditación entrenan nuestra mente en tres características complementarias: atención, intención y actitud. Y enuncio esto de la misma manera que aprendemos un idioma desde diferentes perspectivas – como leer, escuchar y hablar – o ejercitamos nuestro cuerpo en diferentes aspectos – elasticidad, fuerza, flexibilidad y resistencia.

Quizás hayas observado en ti esto que es muy importante para nosotros, los humanos: siempre tenemos dentro (como una energía interna) y a nuestro alrededor (como si fuera una vestimenta) esta cosa difícil de ver que es la “mezcla de atención, intención y actitud». Sucede que esta «mezcla a-i-a» nos ha llegado lentamente en la vida, desde fuentes muy diferentes, y que la hemos incorporado de manera automática, sin darnos cuenta de que está aquí y de que nos está condicionando completamente nuestra experiencia.

A pesar de que resulte difícil de entender ahora, déjame compartir que una de las cosas clave que buscamos del mindfulness y de la meditación es desarrollar la capacidad de salir de ese automatismo – el piloto automático de esta «mezcla a-i-a» – y entrar en la libertad de elección – la libertad de elección de esta «mezcla a-i-a» – para poder tener el control total de nuestra experiencia interna – esta «mezcla a-i-a» – y gestionarla para que sirva mejor a nuestros objetivos en la vida.

¡Oh, ahora caigo! ¡Lo siento si te he confundido! Escribo «mezcla a-i-a» como si fuera algo muy conocido, pero no lo es. Tal vez debería haberlo dicho antes, pero lo escribo así porque me gustaría que recuerdes estas «mezcla a-i-a» para siempre y que se convierta en algo importante que tú y yo sabemos y que podemos compartir con otros.

Ahora, propongo que reflexionemos sobre su significado pero jugando con las palabras según aparecen en nuestra vida diaria:

  • Atención es una palabra que asociamos fácilmente a nuestros sentidos, principalmente a la vista, pero también al olfato, al oído, al gusto o al tacto. Pedimos la atención de otros cuando queremos compartir. Negamos nuestra atención a los demás cuando no queremos alimentar su comportamiento. Tal vez incluso recuerdes el juego de infancia de retirar la atención y lo difícil que nos hacía sentir. O cuán perturbador es cuando los que nos rodean no nos ofrecen su atención porque están completamente enganchados a una pantalla, y hablo tanto de la pantalla de TV en adultos como de la pantalla del móvil en adolescentes.
  • Intención es una palabra que nos ayuda a compartir, en último término y de manera íntima, aquello que queremos lograr con nuestras acciones. La sentimos especialmente importante cuando no se manifiesta con claridad en la forma en que rechazamos una «doble intención» o sentimos la amenaza de «intenciones ocultas». Además, generalmente nos sentimos conmovidos por personas con intenciones hermosas, como «curar a los niños» o «alimentar a los pobres», intenciones que recibimos conmovedoras cuando la persona se compromete abiertamente con ellas para toda la vida (como lo hacen las monjitas).
  • La actitud llega como una palabra que da calidad a una acción, como cuando «abrimos» algo. Podemos abrir una puerta lentamente, con cuidado, sin querer molestar a nadie. O podemos abrir esa misma puerta impulsivamente, con un fuerte empujón, sin preocuparnos por los demás ni por cómo impacta nuestra acción. Nos referimos a «nuestra actitud al abrir la puerta» y verlo así nos ayuda a comprender cómo nos relacionamos con los demás y con la vida. En nuestra vida diaria, las buenas actitudes generalmente se refieren a aquellas que ayudan a los demás y a la vida, mientras que las malas actitudes generalmente se refieren a aquellas que crean dificultades para los demás y para la vida. Esta «buena / mala actitud» es recibida muy fácilmente por los niños y las mascotas, tal vez porque se reconocen en su debilidad y sentir las actitudes de los demás les ayuda en el juego de la supervivencia.

Por lo tanto, esto importante que queremos del mindfulness – salir del piloto automático y entrar en la libertad de elección – requiere que seamos capaces de observar esta «mezcla i-a-i» tal como es para elegir cambiarla. Esta autoobservación generalmente se conoce como «meta-atención», que definimos como nuestra capacidad interna para observar nuestra propia atención, intención y actitud. También se conoce como «conciencia», ya que significa tomar conciencia, o darte cuenta por ti mismo, de tu atención, tu intención y tu actitud.

Aunque exploraremos esto con más profundidad en siguientes artículos, permíteme establecer algunos objetivos claros que ayudarán fácilmente a aterrizar todo esto en el marco del mindfulness, ya que el mindfulness entrena esta «mezcla a-i-a» en una dirección muy concreta:

  • Más atención en el momento presente para poder ver más y mejor, poder escuchar más y mejor, pueda degustar más y mejor, poder sentir más y mejor.
  • Una intención de amor, especialmente centrada en la compasión y en la gratitud, de manera que encontremos maneras de ayudar cuando el sufrimiento está presente y maneras de vivir con alegría y celebrando la vida cuando no lo está.
  • Actitud de curiosidad y bondad, de benevolencia, sin prejuicios, con compasión y con cuidado, una actitud abierta a entender mejor, abierta a aprender lo nuevo, abierta a interactuar respetuosamente (pista: esta capacidad de «apertura» es tan importante como necesaria para una vida en plenitud).

Me encantaría seguir hablando de todo esto en direcciones muy diferentes, pero no lo haré hoy. Sin embargo, permíteme escribir algunas palabras que contribuirán a una bella reflexión – como monje, samurái, geisha o sumo – o recordar el extraordinario trabajo de Daniel Kahneman (sobre el sistema 1 y el sistema 2) para concluir que todo esto se trata de que el sistema 2 realice una comprobación (desde la cordura), un mantenimiento (desde el respeto a la vida) y una actualización (desde la salud) del sistema 1.

Por cierto, esta «mezcla a-i-a», que recuerdo una vez más que responden a la «combinación de atención, intención y actitud», cuando se visten de amor para servir a la vida y al bien común, también se conocen a veces como «consciencia», como en “crianza consciente, liderazgo consciente o sexualidad consciente”, aunque la mayoría de las personas la usan sin saber realmente su significado ni cómo cultivarla.

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