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El camino hacia la consciencia

«El mapa del yo» integra en un solo marco conceptual «los 5 niveles del yo» más «el esqueleto del yo». Este marco conceptual dota de orden y significado a todas las prácticas de meditación que construyen «autoconciencia» (en inglés, self-awareness), «autoconocimiento» (en inglés, self-knowledge) y «autogestión» (en inglés, self-management). El movimiento básico que experimentamos con una práctica sostenida de meditación nos lleva de una “forma del yo” distraída e inconsciente hacia una “forma del yo” consciente y orientada a la atención en el momento presente. Puedes profundizar en estos conceptos leyendo los artículos anteriores de esta serie.

Pero este movimiento básico es simplemente un primer paso de un movimiento más largo. Cuando observo mi experiencia, reconozco fácilmente los siguientes seis movimientos:

  1. El primer movimiento dibuja el yo. Esto corresponde a la autopercepción o la percepción del yo. Aunque también podría entenderse como autoconciencia, prefiero la autopercepción ya que la enmarca más claramente como movimiento inicial.
  2. El segundo movimiento colorea el yo. Esto corresponde al autoconocimiento o el conocimiento del yo.
  3. El tercer movimiento da orden y equilibrio al yo. Esto corresponde a la autogestión o la gestión del yo.
  4. El cuarto movimiento da calidad al yo y lo mantiene  abierto y listo para florecer. Esto corresponde a la autoconciencia o la conciencia del yo.
  5. El quinto movimiento expande el yo para abarcar todo lo que lo rodea.
  6. El sexto movimiento agrega el yo en comunidades de nosotros.

Por favor, no consideres  estos seis movimientos como lineales y secuenciales, a pesar de que el último podría parecer tener más de todo que los anteriores. No deben considerarse como pasos del uno al seis, sino simplemente seis sugerencias diferentes, seis consejos útiles sobre cómo comprender la transformación que se avecina.  La experiencia real puede y será una mezcla de apariencia rica, fértil y olorosa donde los diferentes movimientos entrecruzan y se apoyan mutuamente.

Tal vez ayude afirmar que esta secuencia resuena más fácilmente cuando la meditación es el mindfulness (un enfoque de arriba hacia abajo). Otras prácticas de meditación, como el yoga kundalini o la sexualidad consciente (con un enfoque de abajo hacia arriba), podrían secuenciarse de manera diferente.

Sin embargo, en aras de la simplificación, prosigo con la secuencia correspondiente al mindfulness (o la atención plena, en castellano) y los agrupo en tres movimientos más grandes que etiqueto como M1, M2 y M3:

  • M1. El primer movimiento dibuja, rellena y colorea  el yo.
  • M2. El segundo movimiento da orden, equilibrio y calidad al yo y lo mantiene abierto para florecer.
  • M3. El tercer y último movimiento expande, agrega y difunde la conciencia hacia comunidades conscientes.

El recorrido completo se resume en el siguiente dibujo como un movimiento de tres pasos (M1, M2 y M3). Me gusta pensar en ello como «el viaje hacia la consciencia» o «el camino hacia la consciencia«.

Hay tres elementos constantes que emergen repetidamente a lo largo de este camino. Vamos a presentarlos brevemente para comenzar con una comprensión más completa:

  1. hay trampas y ladrones por todas partes, creando resistencia e incluso sacándote (o secuestrándote) fuera del camino. Afortunadamente, también hay refugios y aliados.
  2. las 4Ps (práctica, práctica, práctica con paciencia) son el motor que te mueve hacia adelante.
  3. el triángulo superior es la herramienta principal, pero  la actitud es el elemento clave a cuidar porque una «actitud abierta» es lo que nos desbloqueará (cuando nos quedemos bloqueados) para que podamos seguir avanzando;

En este punto, resulta útil reflexionar sobre los conceptos básicos del triángulo superior:

  1. domina el uso de la atención y cómo mantenerla en el momento presente. Reconocer las fuentes de distracción (dentro o fuera) y recuperar el control de la atención son claves.
  2. declara una intención simple y clara como «estar completamente presente» y mantenla tal cual. Aunque otras intenciones simples y centradas en el yo también podrían ayudar (como «cultivar mi mejor ser humano», «curarme de lesiones pasadas» o «dejar de preocuparme tanto»), en esta etapa es útil evitar intenciones complejas y orientadas a objetivos.
  3. practica una actitud amorosa, abierta, con curiosidad y amabilidad, sin juicios. Una actitud amorosa como la de la abuela que todo nos permite, la actitud del arqueólogo con el pequeño cepillo o la actitud del perro juguetón son de gran inspiración. O desde otra perspectiva, también podemos describirla como la actitud de mente abierta del principiante. Este es el elemento más clave en esta etapa para evitar quedarte atascado y seguir adelante.

A continuación, exploraremos el primer movimiento de este viaje «M1. Dibujo y coloreado» y todo lo que sucede en su interior para añadir más claridad a nuestro marco conceptual.

M1. Dibujo y coloreado

El primer movimiento dibuja, rellena y colorea el yo. Esto corresponde a la autopercepción (o la percepción del yo) y al autoconocimiento (o el conocimiento del yo).

Por «autopercepción«, me refiero a ser capaz de reconocer dentro de nosotros «los cinco niveles del yo» y «el esqueleto del yo». Ya los hemos definido con anterioridad. Ahora la clave es entregarnos a la práctica de tal manera que podamos «etiquetarlos» con facilidad.

  1. ver claramente la situación doméstica  que tenemos, el trabajo que tenemos, y las personas que están en nuestras vidas… pero reconociendo los «roles» que desempeñamos y cómo nos relacionamos con los medios que condicionan las relaciones: el dinero, la tecnología y el sexo.  Incluye también ver con claridad la información «sensorial» que nos llega a través de los cinco sentidos: vista, sonido, olfato, gusto y tacto;
  2. ver claramente la mente que tenemos, la voz interior que trae todo tipo de «pensamientos» tal como son ahora, en este mismo momento;
  3. ver claramente las «emociones« tal como se sienten en cada momento, en este mismo momento;
  4. ver claramente el cuerpo y las «sensaciones» que tenemos en cada posición;
  5. ver claramente la energía y la fuerza vital que tenemos en cada lugar, pero especialmente observando cuando “nos abrimos» o cuando «nos cerramos«;
  6. ver claramente cómo divaga la atención, cómo la intención nos resulta difusa o se manifiesta heredada, y cómo la actitud contribuye positiva o negativamente a nuestra experiencia.
  7. ver claramente cómo reaccionamos  a todas esas cosas y reconocer el impacto que creamos en forma de «sufrimiento» y «conflicto«, no tratando de hacerlo desaparecer, ni tratando de cambiar lo que hay, sino simplemente viéndolo con claridad (con calma, precisión y gentileza) y abrirnos a ello, aceptando lo que vemos sin resistencia y abrazándolo incondicionalmente.

Por otro lado, me gusta entender  el «autoconocimiento» como atravesar tres puertas:

  1. el autodescubrimiento (o el descubrimiento del yo);
  2. el auto sentimiento (o el sentimiento del yo);
  3. la desidentificación.

Por «autodescubrimiento», me refiero a poder ver claramente de dónde venimos y hacia dónde vamos (que es otra manera de decir aquello de quiénes somos y qué estamos haciendo), pero centrándonos en lo que recordamos de nuestro pasado y lo que estamos anticipando sobre nuestro futuro.  Este movimiento incluye el reconocimiento de lo que es consciente, lo que es inconsciente y lo que sentimos subconsciente.

En este autodescubrimiento, el punto clave es el «reconocimiento de patrones» construyendo sobre el «etiquetado» (que es el punto clave en la autopercepción).  Practicamos encontrar nuestra verdadera naturaleza. Las prácticas de atención plena como la atención abierta y  el escaneo corporal están en el centro de esta fase. Otras prácticas de meditación, como la meditación vipassana, también ayudan. En este proceso, reconoceremos que nuestras experiencias en la vida son los ladrillos de nuestra neurosis y de nuestra sabiduría, que nuestra miseria contiene nuestra riqueza y que nuestras heridas son también el campo fértil de nuestras perlas más preciadas. Practicamos para conectar con el todo que está dentro, desenrollando las experiencias a medida que llegan, acostumbrándonos a volver a ellas regularmente y reconociendo los «patrones» que se generan.  Practicamos eligiendo abrazar las dos caras de la moneda (nuestras neurosis, nuestra sombra, nuestra miseria y nuestras heridas; y nuestra sabiduría, nuestra brillantez, nuestra riqueza y nuestras perlas) y reconociendo que todo aparece mezclado. Con paciencia, la práctica nos permitirá observar que ese “todo mezclado y todo junto” describe nuestra condición humana y que podemos honrar eso que es humano y que se manifiesta dentro.

  • observar el yo situacional, ese «rol» que nos acompaña siempre, que se carga solo, casi automáticamente, y que define el escenario que explica cómo te estás relacionando con los demás y con tu propio yo.  También, de nuevo, cómo te relacionas con el dinero, la tecnología y el sexo, esos tres mediadores clave que condicionan completamente la forma en que te relacionas. Los roles pueden tomar direcciones muy diferentes dependiendo de la situación. Estos son algunos ejemplos: mamá, papá, pareja, hijo, hija, etc. cuando te encuentras en situaciones familiares; narrador, oyente, confiado, bromista, líder, seguidor, etc. cuando te encuentras en situaciones de amistad; o gerente, compañero de trabajo, solucionador de problemas, líder, etc. cuando te encuentran situaciones de trabajo.
  • observar el yo mental, ese «pensar» que automáticamente llena la mente y que mantiene la voz interior hablando, hablando y hablando. Observa que a veces esa voz sale al exterior, a veces estando solo y a veces estando en compañía. El pensamiento en tu mente toma formas y patrones muy diferentes. Ejemplos son creencias, valores, juicios, planes, conversaciones, etc. Pueden ser racionales o creativos; pueden ser originales o copiados; pueden ser lineales y claros, o entremezclados y desordenados. Con facilidad, los vivimos como una rumiación, como un ciclo continuo de cosas que van y vienen, una y otra vez, sin ningún objetivo o utilidad clara.
  • observar el yo emocional, esos «sentimientos» que te hacen vibrar y que llegan automáticamente, a veces de forma suave, otras de forma muy 0brusca. Las emociones básicas son seis y se entienden bien si las emparejamos: alegría-tristeza, ira-miedo y curiosidad-asco. A veces, las sentimos con claridad como una única emoción básica. Otras veces, la mayoría, llegan envueltas en una pequeña historia (como si fuese una banda sonora de una película que nos resulta familiar); o disfrazadas con un disfraz que es difícil de entender (como el reproche y el resentimiento); o enredadas como si de un plato de espaguetis se tratase (como cuando nos enamoramos). Cuando es así, sentirlas puede resultar especialmente difícil.
  • observar el yo físico, especialmente  las «sensaciones» en el cuerpo interno y todo lo que pasa dentro. El punto de partida es mantenerse conectado con la respiración y acostumbrarse a regresar a ella una y otra vez. También observar las sensaciones más primitivas y básicas (relacionadas con el sobrevivir): hambre o sed; necesidad de orinar o defecar; dolor o ausencia de dolor; enfermo o sano; rígido o flexible; excitación sexual o neutralidad. Observa los patrones que sigues en forma de hábitos, rutinas y adicciones.
  • observar el yo energético, ese conjunto de otras cosas en nuestro interior que experimentamos como «fuerza vital», también como temperatura y fuerza. Los opuestos se entienden bien: caliente o frío; fuerza o debilidad; tenso o relajado; despierto o dormido; vitalidad o lentitud. Observa también el patrón de «sentirse cerrado» y «sentirse abierto», aunque estos sentires casi siempre vienen emparejados con otros originados en los cuatro niveles del yo anteriores.
  • observar dónde están tu intención, actitud y acción. Mi enfoque preferido es elevar continuamente las preguntas «¿qué?», «¿cómo?» y «¿por qué?» y dejar que las respuestas caigan sin ninguna otra voluntad que observarlas.

Por supuesto, los patrones se presentan principalmente como una mezcla difusa de los 5 niveles del yo, lo que agrega algo de aventura al proceso. Las historias de familia, las semillas que nos deja nuestro linaje y las tradiciones que siempre están ahí son parte de la búsqueda en este descubrimiento de patrones. Analíticamente, podríamos afirmar que hay patrones mono-yo y patrones multi-yo.  Sin embargo, el objeto de descubrimiento es siempre «lo que está sucediendo en ti en el momento presente». Los datos en bruto son las experiencias; la información más elaborada se presenta como patrones y evaluaciones del impacto; y el conocimiento los destilamos como ideas útiles. Coloquialmente, todo esto podría denominarse «descubrir tu mochila» o «visitar tus luces y tus sombras». Aquí lo enuncio simplemente como «descubrir qué hay en los 5 niveles del yo que corresponden a un pasado lejano o a un futuro imaginado, pero que no se corresponde con (lo que más ayuda a) el momento presente».  Por supuesto, lo repetiré de nuevo, es clave practicar una actitud abierta abundante en curiosidad, amabilidad y sin juicio.

Estos elementos que buscamos conocer, y que denomino «patrones», son la fuente de nuestro comportamiento en piloto automático: la raíz de nuestro rol automático, nuestro pensamiento automático y nuestro sentimiento automático. Los patrones son nos mantiene atrapados en la reacción, en ese «lo mismo de siempre, lo mismo de siempre, lo mismo de siempre», una y otra vez, si utilizamos esa expresión tan ilustrativa de Otto Scharmer.  Además, estos patrones constituyen la rigidez en nosotros. O si miramos desde el otro lado, los patrones bloquean nuestra tan necesaria flexibilidad frente a los cambios que trae la vida.

Por «auto sentimiento», me refiero a acostumbrarse a sentir lo que sea necesario sentir. El autodescubrimiento podría parecer un proceso intelectual. Pero la mente no sabe cómo sentir. Los sentimientos provienen de los niveles más bajos del yo. Estos ejemplos pueden ayudar. La mente no sabrá lo que siente la tristeza hasta que haya tristeza. La mente no sabrá lo que siente el dolor hasta que haya dolor. La mente no sabrá lo que siente abrirse hasta que haya una apertura.

Es por esto que me gusta referirme al “auto sentimiento” como un proceso diferente dentro del “auto conocimiento”. Todos los sentimientos, sean suaves o fuertes, provengan de un pasado desagradable o de un futuro aterrador, se manifiestan y se dejan sentir cuando observamos en nuestro interior con curiosidad. Además, cuando nos enfrentamos a nuestra sombra interior, surgirán sentimientos tan intensos como profundos. Si alguna vez escuchaste aquello de «abrir la caja de Pandora«, a eso me refiero. Muy sabiamente, Yuval Noah Harari nos advierte sobre las dificultades y limitaciones de la meditación. Otros, como Eckhart Tolle, se referirían a este proceso como el reconocimiento de los roles, el ego y el cuerpo-dolor en ti. Hay que estar alerta porque puede surgir un «trauma«; es muy aconsejable estar atento y, llegado el caso, buscar una ayuda adecuada. Toda esta intensidad es lo que hace que los retiros sean tan populares últimamente; los buenos se configuran como un espacio seguro guiado por facilitadores serviciales y compasivos.

Las prácticas de mindfulness como RAIN, SBNRR (también presentada como PaRAAR), autocompasión y resiliencia están en el centro de esta fase.  Cualquier práctica que incluya mover el cuerpo, como The Fear Melters, nos ayudará a gestionar la intensidad emocional. De hecho, cualquier práctica que utilice las denominadas «tres llaves de la energía» (el movimiento, el sonido y la respiración) nos resultarán de ayuda.  Todas estas prácticas nos llevan a aprender a hacer una pausa y a suavizar una experiencia de sentimientos fuertes. Estas prácticas también nos dejarán destellos de presencia profunda, algo que puede hacer que las experiencias se muestren algo más perspicaces.

Este movimiento de auto-sentimiento consiste en aceptar, abrirse, no resistirse a sentimientos largamente reprimidos. Se trata de abrazar y auto-experimentar nuestros sentimientos en el momento presente. Se trata de abrazar los «colores» de la vida y volver a estar en contacto con nuestros sentimientos cuando se sienten bien, pero especialmente cuando no se sienten tan bien, o incluso cuando se sienten muy difíciles.

Por desidentificación, me refiero a romper la identificación con el yo. Se trata de distanciarse y desarrollar una perspectiva propia de ser testigo sobre uno mismo. Se trata de desarrollar la capacidad de verte a ti mismo con la perspectiva de una tercera persona, neutral pero amorosa. O  moverse desde una perspectiva donde empiezas en el centro del mapa hacia una perspectiva en la que estás en los límites exteriores del mapa. En nuestro marco conceptual, significa agregar claridad de experiencia a lo que antes parecía un «yo» desordenado:

  1. pasar del yo situacional a tener una experiencia situacional;
  2. pasar del yo mental a tener una experiencia mental;
  3. pasar del yo emocional a tener una experiencia emocional;
  4. pasar del yo físico a tener una experiencia física;
  5. pasar del yo energético a tener una experiencia energética;
  6. pasar de la atención a la meta-atención (que es la atención que es consciente de la atención misma).

Esta desidentificación se puede resumir en un movimiento más genérico: pasar de lo existencial a lo experiencial.  En lugar de identificarte con todo lo que te sucede, eliges y practicas para observarlo como una experiencia que te sucede. Por lo tanto, también se trata de elegir y practicar «no tomarte las cosas personalmente».  La observación de Daniel Kahneman sobre los dos yoes, el yo que experimenta y el yo que recuerda, adquiero pleno significado aquí.

Cuando este movimiento se consolida, desde una distancia segura, reconocemos con facilidad los elementos en el yo. De esta manera, entramos en el estado en que «realmente» nos conocemos a nosotros mismos y estamos listos para iniciar cualquier autogestión. Entonces, la vida se convierte en una corriente de experiencias que te suceden y puedes mantener la calma mientras las experimentas, con plena autonomía para intervenir y generar un cambio.

Además, este autoconocimiento llega con una profunda intuición de que todo lo que hay dentro de ti también sucede en los demás. Intuitivamente reconocemos que la riqueza del paisaje interior proviene de nuestra humanidad, y nos conectamos con facilidad con la humanidad común y compartida en todos nosotros, en todos los seres humanos. Por supuesto, hay todo tipo de sabores y tamaños y colores y géneros, pero intuitivamente sabemos que todos compartimos una experiencia básica y común. Al mismo tiempo, comenzamos a reconocer que cada acción es en realidad una interacción con las experiencias externas de los demás.

Escribir un diario ayuda profundamente en todo el proceso de autoconocimiento. Puede ser un diario simple y tradicional. O puede ser cualquiera de las prácticas o entrenamientos de escritura intencionales, como la propuesta de «The Self Authoring Suite» de Jordan B. Peterson, o la propuesta de «Lifebook» de Jon & Missy Butcher. Lo importante a tener en cuenta es que un diario es una práctica clave de autoconocimiento.

Esta última imagen ilustra, uno por uno, todo el proceso de dibujar, rellenar, colorear, abrir y desidentificación que construye completamente la autoconsciencia (en inglés, self-awareness) y el autoconocimiento. Este estado se convierte en el escenario y punto de partida para el próximo movimiento: «M2. Dando orden, equilibrio y calidad».

Pero esto vendrá en el próximo post de esta serie. En este punto, espero y deseo que esta reflexión pueda ayudarte en tu práctica de igual manera como me ayuda a mí en mi práctica, en mis enseñanzas y en mi viaje personal.

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